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Noticias

SIERRA LEONE MARATÓN 2016

Florian Weimert

Anne es Embajadora de Street Child en Makeni, Sierra Leona. Se encuentra allí desde finales de mayo y se quedará hasta principios de septiembre, trabajando en el programa After School (Después de la Escuela) y en Street Child Commercial. Cada semana compartirá su experiencia con nosotros desde aquí.

El pasado 25 de Mayo viajé a Sierra Leona, parando 5 horas en Casablanca para enlazar vuelos. Allí me reuní con algunos de los otros corredores de la Maratón de SL. En África siempre es complicado planificar las cosas, tal y como se puso en evidencia nada más llegar: nuestro transporte a Makeni se retrasó dos horas y media… así que a las 4 am nos dirigimos al hotel del aeropuerto a tomar un té y a charlar con todas las personas que todavía me quedaba por conocer. Hacia el final de la mañana del jueves ya estábamos en Makeni listos para un día de los más ajetreado visitando algunos de los proyectos en Buma y Tambakha. Tambakha me impresionó especialmente. Sólo para llegar necesitas unas tres horas y media de viaje a través de una mala carretera y cruzar un río con un ferry local (más bien una balsa donde tan solo caben un par de coches). Después de hablar con el jefe local llegó el momento de jugar con los niños: ¡fútbol! Roz y yo nos unimos al equipo de las chicas (que jugaba contra los chicos) y tengo que decir que algunas de ellas jugaban francamente bien. Aunque no aportamos mucho al juego nuestro equipo acabó ganando: ¡¡sí, chicas al poder!! La visita incluyó también una avería en el coche, un buen chaparrón y una cabra que nos trajimos de vuelta (regalo de la tribu local). Después de pasar tanto tiempo en coche necesitábamos movernos con lo que el sábado nos fuimos de excursión y decidimos subir al monte Wussum. Desde la cima podíamos observar Makeni entera y, aunque parecía que estaba lejos, todo el bullicio de la ciudad llegaba perfectamente hasta nuestros oídos (la algarabía de los niños, el ruido de las motocicletas, etc.). Bajar resultó todo un reto, pero después de meternos campo a través cruzando más y más matorrales conseguimos llegar sanos y salvos. 

¡Y por fin llegó el domingo, el día de la carrera! Después de levantarnos a las 3:30 am y tomar un rápido desayuno nos vinieron a buscar para llevarnos al punto de salida y meta: el estadio Wussum. Allí me reuní con mis compañeros de carrera Josh & Bart. Nos habíamos propuesto una sola misión: ¡llegar los últimos (a.k.a. Sweeping)! Mientras que los demás participantes estaban concentrados en realizar sus últimos estiramientos y buscaban un hueco en las primeras líneas de salida, nosotros esperamos tranquilamente a escuchar la señal de salida desde atrás de todo. En cuanto comenzó la carrera el grupo se dispersó rápidamente. A pesar de que todavía estaba oscuro las gentes de Makeni ya estaban en las calles animando a los corredores gritando “tenki ya” (que significa “gracias” – por recaudar fondos para Street Child). En cada esquina había apostado un agente (de la armada, de la policía, de la Cruz Roja, etc.) para indicarnos el circuito y proporcionarnos agua en algunas ocasiones. Nosotros también les íbamos diciendo “tenki ya” no sólo porque se habían presentado voluntarios para ayudar en la maratón si no porque éramos conscientes de que recientemente habían estado trabajando muy duro y sobretodo arriesgado sus vidas ayudando durante toda la crisis del Ébola. Mientras seguíamos corriendo fue amaneciendo y cada vez veíamos a menos corredores en la distancia. Pero nuestra misión no era tan sólo llegar los últimos… también nos habíamos propuesto entretener, divertir y animar a todos aquellos que estuvieran corriendo justo delante nuestro y ayudarles a finalizar esos 42 km. Tuvimos suerte: algunas caras conocidas se lo estaban tomando con calma, así que al poco rato ya éramos diez. La maratón incluía un largo tramo paralelo por dónde tenías que correr de vuelta justo en sentido contrario, así que vimos pasar a los más rápidos. Los vitoreamos y aplaudimos uno por uno. Los niños pequeños no dejaban de gritarnos “apato” y a cada rato pasaba una ambulancia para asegurarse de que estábamos bien. Paramos varias veces para hacer fotos y nuestra compañera de carrera Helen no paraba de ofrecer galletitas de avena (¡gracias!).

Hacia el kilómetro 30 nos encontramos con la mejor estación de avituallamiento de bebida del mundo: nos ofrecían coco fresco ¡¿qué más puedes necesitar durante una carrera, no?! A partir de ese punto el paisaje fue volviéndose más y más majestuoso, cruzando la jungla y pasando por pequeñas aldeas. Pero también eran los últimos 10 kilómetros y ya hacía mucho calor (35ºC), así que algunos empezaron a sufrir de golpes de calor o por las ampollas. Llegó el momento de empezar a actuar como coche escoba, animar al grupo y llevarlos hasta la meta. Cuando entramos corriendo y cogidos de las manos en el estadio Wussum un maravilloso grupo de caras conocidas nos dio la bienvenida animándonos y salpicándonos con agua fresca. Mi amigo Phil de Street Child España (¡el mejor equipo del mundo mundial!) me dio mi medalla tallada en madera así que llegó el momento para buscar un poco de sombra, comer algo y descansar. Corrimos durante 6h59’, 1 minuto más que en la SLM de 2015, pero la experiencia es tan maravillosa y única que solo puedo sentirme feliz por habérmelo tomado con calma y disfrutar plenamente del día.