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Noticias

LA VIDA

Florian Weimert

La vida en Sierra Leona

La vida en Sierra Leona… es tan distinta a la vida en Europa. Y también es distinta a la vida de otros países en África. Aquí tiene algo especial, algo tan especial que me ha hecho volver una tercera vez. La gente sonríe y saluda sin importar con quién se cruza. Te preguntan “cómo estás” no del modo educado pero que en el fondo sabes que no les importa, sino que te lo preguntan de verdad. Son personas de naturaleza curiosa, siempre queriendo saber más y siempre ofreciéndose a ayudar.

Caminando por la calle hay tanto que ver: las madres haciendo la colada, otras cocinando fuera de la casa sobre una hoguera, los niños yendo a buscar agua del pozo para llevar a casa, otros jugando, chicos en motocicleta en busca de clientes, pequeñas tiendas vendiendo comestibles como pasta de tomate, leche en polvo y mayonesa. También están los vendedores ambulantes ofreciendo pan, huevos duros, piña, bebidas frescas, kill drivers (galletas de mantequilla), crema de cacahuete, plátanos, etc. Cuando me paseo por estas calles me doy cuenta claramente de una cosa: las mujeres de Sierra Leona son Súpermujeres. En serio. Lo hacen todo: ocuparse de los niños, llevar el negocio, cocinar, hacer la compra en el mercado y cargarla sobre sus cabezas, la colada en el pozo… y todo esto ¡cargando un bebé a su espalda la mayor parte del tiempo! ¡Estas mujeres me impresionan tanto!

La cultura del país es optimista, es abierta, es la cultura del trabajar duro y la comunidad es su eje central. Cuando a principios de semana fui a buscar provisiones al mercado local, una mujer mayor no sabía cómo indicarme el precio de unos cubitos Maggi que quería comprar. Fue la chica del puesto de al lado quien vino a ayudarla. A pesar de que ella también vendía cubitos Maggi en ningún momento le importó echarle una mano a su vecina del puesto de al lado, porque así es como funcionan las cosas aquí: se ayudan los unos a los otros.

Un día estaba caminando de vuelta a casa cuando anocheció. Una chica adolescente se puso a caminar conmigo (como típica sierraleonina tenía curiosidad por saber quién era yo) y a decirme que no debía caminar sola cuando ya ha oscurecido. Me contó que hay gente mala que te puede robar y que sería mejor si me moviera en motocicleta durante la noche. Me sorprendió sobremanera ver cómo una adolescente ya cuida de los demás de esta manera (incluso de los adultos), algo que en Europa ocurriría totalmente al revés.

Otra de las cosas que más me ha chocado es como en esta cultura conviven dos religiones. Sí, hablo de convivir, no de discutir y fijarse en las diferencias, sino de convivir en paz y estar bien en esa diferencia. Conocí un niño islámico y cuando le pregunté qué querría ser de mayor me contestó que quería ser sacerdote. Para él la iglesia es algo divertido y cambiar de religión le parecía algo fácil, porque él podría ser cristiano y su familia musulmana y no pasaría nada. Por la calle también te encuentras constantemente con frases y textos en los coches que dicen “Dios bendiga el Islam” o cosas similares, porque no importa dónde vayas estarás o te cruzarás con personas de la otra religión, así que ¿por qué no rezar por toda la comunidad en vez de hacerlo sólo por aquellos con los que compartes religión? El estar aquí durante el Ramadán me enseña cómo dos estilos de vida totalmente diferentes pueden convivir en perfecta armonía,  porque mientras que muchos están ayunando los demás muestran su respeto y apoyo. Es inspirador, y me gustaría que fuese así en todo el mundo.