Tras los deslizamientos de barro: Los supervivientes se quedan sin refugio

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“No es fácil. No sé ni por dónde empezar. No sé qué decir.”

Hannah Sesay es una de los miles de supervivientes que 100 días después de la gran catástrofe en Freetown, aún no sabe cómo seguirá adelante, alimentará y educará a sus hijos. 

El lunes 14 de agosto, aproximadamente 1.000 personas murieron cuando un lado entero de la montaña se colapsó y cayó en la capital de Sierra Leona. Enormes rocas, movidas por la lluvia, dejaron un rastro de destrucción de más de 2 kilómetros- aplastando todo lo que hubiera en su camino. Para Hanna, esto resultó en la pérdida de su marido y todo lo que poseía. 

Inmediatamente después del desastre, la comunidad internacional se puso en marcha. La ONG Street Child fue una de las primeras en la zona repartiendo comida para emergencias con la ayuda del gobierno Británico. 70 personas locales parte del equipo de Street Child estuvo trabajando 12 horas al día durante más de un mes, repartiendo así más de 85.000 comidas, agua, ropa, mantas y ayuda psicológica para aquellos que lo habían perdido todo. 

Sin embargo, a día de hoy, las consecuencias a largo plazo son todavía muy visibles para madres como Hannah. 

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El 15 de Noviembre, el gobierno de Sierra Leona empezó a clausurar los campos de refugiados donde Hannah, y miles de víctimas, han estado viviendo después de perderlo todo por la inundación y los deslizamientos de barro. Los supervivientes registrados fueron ayudados con kits de ayuda que consistían en 220€ en metálico y productos de necesidad básica como arroz, aceite para cocinar, jabón, una manta, una hornillo portátil, vasos, cucharas y platos. En retorno, tuvieron que firmar que se irían del campo de refugiados. 

Estos kits de ayuda son para ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas o para que se muden de la capital. Sin embargo, no es suficiente. 

Una semana después de que cerraran los campos, Hannah se encuentra en la fase final de su embarazo, debe cuidar de 4 niños, y se ha gastado todo el dinero. Ha pagado 1.7 millones de leones (180€) en alquilar una habitación hecha de zinc. 

Usa el aceite de palma de su kit para hacer sopa, la cual vende en la calle. Cada día se gasta el poco dinero que gana en alimentar a sus hijos. No puede ahorrar nada de dinero. 

Sin embargo, Hanna no es la única. 

Marie perdió todo a causa del deslizamiento de barro, incluyendo a su hija. Antes de que estos deslizamientos ocurrieran, solía vender aceite de palma y arroz. Ahora quiere volver a empezar a vender pero no tiene los medios para comprar los productos que necesita ya que todo fue destruido en la catástrofe. 

Recientemente, su hijo de 11 años fue enviado a casa de la escuela ya que no pudo pagar la fotografía que su hijo necesita para registrarse en los exámenes públicos. Todas las tasas de la escuela ascendían a un precio de 380.000 leones. Por lo tanto, no había manera de que lo pudiera pagar.

“Mi gran reto es intentar traer dinero para empezar mi propio negocio y así cuidar a mis hijos. Cada día necesitan comida y es un reto muy grande.”

En un país donde la gente no tiene cuentas en los bancos y sus casas son sus negocios, la pérdida de éstos significa la pérdida de todos sus ahorros y esperanzas para el futuro. El campo de refugiados de Freetown le dio a las víctimas de la catástrofe un sitio en el que dormir. Ahora que lo han cerrado ya no hay a donde ir. 

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Los Kadiatu es una de las muchas familias que siguen en el campo de refugiados de Old School en Freetown. La madre duerme con sus tres hijos en un colchón dentro de una tienda de campaña vacía, con sólo unos pocos a su alrededor. Su bebé tiene dos meses de edad. Le han comunicado que en unos días tiene que abandonar el campo después de que se le dé el dinero, pero no tiene a donde ir. 

“No tengo a donde ir. Si recibo el dinero en unos días aún no tengo un sitio donde quedarnos. Dormiremos en la calle mis hijos y yo”

La ONG de Street Child espera poder apoyar a los niños vulnerables y a las familias como Marie, Kadiatu y Hannah para poder reconstruir sus vidas. Street Child se especializa en apoyar a madres a comenzar un negocio sostenible para que puedan asumir el costo de la alimentación y la escuela. En Freetown, después de haberlo perdido todo, hay muchas familias que se enfrentan a futuros inciertos, así que este trabajo es vital para darles un futuro mejor. 

Florian Weimert